El valor de la firma: Una historia de pueblo

Caballeros… Y apretones de mano.

  • Padre, que me dice Álvaro que no ha firmado nada. He hablado con él y dice que no habéis firmado nada.
  • No importa.
  • Que no pasa nada, estoy aquí con él y yo se lo explico, no te preocupes.
  • No hay nada que explicar.
  • Pero…
  • Que no hay nada que explicar ni nada que firmar. Yo he dicho que sí y ya está…
  • Pero padre, que si no hay…
  • Que no tiene que haber nada. Nos hemos dado la mano y para mí es suficiente. Y ya está.

Más o menos así fue la conversación por la que yo intentaba convencer a mi padre para quedarnos con una casa en un pueblecito de Ávila (Villafranca de la Sierra) que heredábamos de mi abuela. Las palabras, con alguna salvedad fruto del tiempo, fueron esas… y el tono tajante. Pongan ustedes el emoticono que deseen para expresar ese tono.

Y aunque quizá ni haya que llevar a esos extremos el valor de un apretón de mano o de una firma, quizá tampoco haya que desproveer de todo valor a ésta como, a mi juicio, está ocurriendo en la actualidad. Da igual el campo; da igual si es el deporte (donde un contrato vale menos que el papel en el que se firma) o un préstamo; da igual porque hoy estamos quitando a una firma todo su valor.

Su origen se remonta a los antiguos egipcios que en sus jeroglíficos nos muestran ya pactos entre hombres y dioses que se daban la mano en señal de acuerdo (fuente www.anfrix.com; vía menéame). Como ven ustedes no somos nada originales… pero lo que se ha extendido durante miles de años nos lo estamos cargando en unos pocos.

Su origen se remonta a los antiguos egipcios que en sus jeroglíficos nos muestran ya pactos entre hombres y dioses que se daban la mano en señal de acuerdo (fuente http://www.anfrix.com; vía menéame). Como ven ustedes no somos nada originales… pero lo que se ha extendido durante miles de años nos lo estamos cargando en unos pocos.

La forma y perfección del contrato.

Salvo para determinados negocios contractuales opera la libertad de forma (los contratos serán obligatorios, cualquiera que sea la forma en que se hayan celebrado, salvo que la ley exija escritura o forma especial) y por tanto sigue siendo válido ese apretón de manos… Aunque hoy a nadie se nos ocurra.

En el caso de los contratos de crédito al consumo, la Ley 16/2011 exige que tengan forma escrita, al margen de otras normas (Leyes, leyes y más leyes; Parte 1 y 2) que obligan a un tamaño de letra (1,5 mm), clausulado claro y concreto y yuena fe y justo equilibrio entre los derechos y obligaciones de las partes, lo que en todo caso excluye la utilización de cláusulas abusivas (artículo 80 de la Ley defensa consumidores y usuarios); al margen de lo anterior, muchos otros negocios jurídicos exigen una determinada forma contractual.

La casa, el objeto de la “no controversia”, en Villafranca de la Sierra (Ávila), lugar absolutamente maravilloso. En la imagen, la salida hacia Puerto Chía, uno de los dos enclaves del pueblo (Imagen Google).

La casa, el objeto de la “no controversia”, en Villafranca de la Sierra (Ávila), lugar absolutamente maravilloso. En la imagen, la salida hacia Puerto Chía, uno de los dos enclaves del pueblo (Imagen Google).

Por otra parte los contratos se perfeccionan por el mero consentimiento y desde entonces obligan no sólo al cumplimiento de lo expresamente pactado sino a las consecuencias que se deriven (artículo 1258 del Código Civil).

Vamos que si con centramos en la contratación que no exige forma esècífica, cuando dos personas se ponen de acuerdo en algo, entregar, hacer, no hacer, etc., un apretón de manos es Ley… Como mi padre llevó en su día al extremo.

El valor de una firma; el valor de una aceptación.

¿Seguro que lo llevó al extremo? Quizá no, quizá simplemente él daba valor a un compromiso, compromiso que, al margen de una firma, de un apretón de manos con un escupitajo o de cualquier otra forma de compromiso, hoy se pierde.

En ningún caso estoy abogando por la imposibilidad de resolver un contrato (no confundir resolución con rescisión), sino que simplemente soy #muyfan de dar valor al compromiso que se adquiere con una firma en aquél. Si ponemos ejemplos actuales, cuando alguien ha adquirido preferentes y no ha sido realmente consciente de lo que adquiere o, simplemente, ha sido engañado, debe actuarse, debe resolverse el contrato y en su caso declarar ka nulidad del mismo. Indudable.

Pero no podemos hacernos los incapaces; los consumidores, por nosotros mismos, por la efectiva defensa de nuestros intereses no debemos considerarnos a nosotros mismos incapaces ni hacer que el mundo lo entienda así. Hemos de hacer valer nuestra posición cuando consideremos que nuestros derechos se han vulnerado, pero esto no ocurre siempre ni en todo lugar. Como dijo en su día la Sentencia 113/2005 de la Sección 3ª de la Audiencia Provincial de A Coruña “tiene razón la apelante cuando plantea que no puede extenderse la protección al consumidor hasta el punto de considerarlo un incapaz. Ciertamente en los últimos años, y mayoritariamente por imposición de Directivas comunitarias, se ha desarrollado en España una legislación muy proteccionista de los consumidores y usuarios. Pero esta normativa tuitiva no puede llevarse a extremos tales que supongan, en la práctica, privar de derechos civiles a los ciudadanos, convirtiéndolos en auténticos incapaces, hasta el punto de que el otorgamiento de un contrato carezca de todo valor jurídico simplemente porque el consumidor afirme “que no lo leyó”, o que no sabía lo que hacía. Esto puede llevar a la defenestración de las relaciones negociales”.

En definitiva, cumplamos las partes nuestros compromisos (tanto los contenidos en el contrato como los que señala la legislación) pero no nos convirtamos en incapaces y, en ningún caso dejemos de dar valor a una firma… O a un apretón de manos.


Video subido a Youtube por Marta Poveda (@martapoveda)

Por cierto, al margen del post, hay algo importantísimo sobre el pueblo que inspira este post. La lucha de sus vecinos y de mucha otra gente logró que la empresa Pascual anunciara su renuncia a la explotación de los manantiales del río Corneja en los términos municipales de Navaescurial, Navacepedilla, San Martín de la Vega y Villafranca de la Sierra (leer aquí).

Mi felicitación a todos ellos por lo logrado.

Acerca de Nacho San Martin

Soy abogado, de los que están al otro lado de muchos de vosotros. Abogado de empresa... pero sigo siendo abogado igualmente. Me gustan muchísimas cosas, así que, quizá deje que vuelen por aquí al margen del Derecho. Tengo una máxima, una del gran Vince Lombardi: "Los momentos más oscuros de nuestras vidas no deben ser ni enterrados ni olvidados; más bien son un recuerdo que debe permanecer para servir de inspiración y recordarnos la fortaleza del espíritu humano y nuestra capacidad para soportar lo intolerable."
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