Préstamos gratuitos en la Ley de Crédito al Consumo

Crédito al consumo y préstamo gratuito.

La Ley 16/2011 de 24 de junio sobre contratos de crédito al consumo señala en su artículo 3, al hablar de los contratos excluidos de la misma:

“f) Los contratos de crédito concedidos libres de intereses y sin ningún otro tipo de gastos (…) En los contratos vinculados a que se refiere el artículo 29 de esta Ley, se presumirá, salvo pacto en contrario, que el prestamista y el proveedor de bienes o de servicios han pactado una retribución por la que éste abonará a aquél una cantidad por la celebración del contrato de préstamo. En tal caso, el contrato de crédito al consumo no se considerará gratuito.”[1]

Si ya de por sí creo que el crédito al consumo es uno de esos grandes desconocidos, nada os digo de la existencia de préstamos que no cobran intereses, es decir, de Tipo de Interés Nominal cero (TIN) y Tasa Anual Equivalente (TAE) igual a cero.

En un préstamo clásico todos aceptamos que nos den una cantidad de dinero solicitada y la devolvamos con más una cantidad que está destinada a intereses. Sin embargo, nos extraña enormemente (principalmente cuando existen problemas de impago o similares no cuando lo contratamos) la existencia de un préstamo en el que no nos cobren interés alguno ni cualquier otro gasto.

¿Existen los préstamos gratuitos?

Por supuesto que existen. Muchos de nosotros hemos adquirido algo en determinados establecimientos financiándolo y pagándolo sin intereses. Entonces ¿Por qué nos extraña tanto?

Es complicado entenderlo cuando las sentencias realizan interpretaciones extensivas del precepto (sentencias basadas, eso sí, en la antigua Ley de crédito al consumo) yendo más allá de lo que el mismo señalaba, incluyendo los intereses moratorios como requisito para entender si existe gratuidad o no. La Sentencia 171/2002 de la Audiencia Provincial de Burgos señala:

“Tampoco concurre la cláusula de exclusión prevista en el artículo 2.1, letra d), de la Ley, pues, a pesar de la apariencia de gratuidad, se establece un interés por mora”.

El razonamiento del Juzgador parece confundir el desarrollo lógico del producto (formalización, abono de las mensualidades sin incidencias y finalización del contrato) con las contingencias que se pudieran derivar del incumplimiento de una de las partes, en este caso el prestatario, tal y como dice el Tribunal Supremo:

“Los intereses de demora no tienen la naturaleza jurídica de intereses reales, sino que se califican como de sanción o pena con el objetivo de indemnizar los perjuicios causados por el retraso del deudor en el cumplimiento de sus obligaciones.”

El ánimo de lucro u otros beneficios del prestamista.

Una de las Sentencias que más me ha llamado siempre la atención es la dictada por la Audiencia Provincial de Asturias de 21 de enero de 2004 que a este respecto indicó:

“… alegación que le resulta a la Sala poco convincente, teniendo en cuenta el fin de lucro que evidentemente es consustancial a toda entidad crediticia”.

Pero visto esto ¿Qué gana una Entidad de Crédito con un préstamo a devolver sin intereses?

Evidentemente obtiene un beneficio, no tan tangible como los intereses remuneratorios, pero sí importante; Cuota de mercado, aumentar su cartera de clientes, los futuros productos que esos clientes de un préstamo gratuito contratarán en el futuro con la Entidad (productos con remuneración para el prestamista tales como tarjetas u otros préstamos)…

Por tanto, el ánimo de lucro de una Entidad de Crédito es indudable y, en muchos casos, el mismo seguirá siendo ínsito a su actividad de concesión de préstamos… aunque éstos tengan en alguna ocasión la TAE igual a cero.


[1] Resulta curioso que, sin embargo, la Directiva 2008/48/CE de 23 de abril de 2008 relativa a los contratos de crédito al consumo y por la que se deroga la Directiva 87/102/CEE del Consejo se limite a señalar “quedan excluidos los contratos de crédito concedidos libres de intereses y sin ningún otro tipo de gastos”.

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Acerca de Nacho San Martin

Soy abogado, de los que están al otro lado de muchos de vosotros. Abogado de empresa... pero sigo siendo abogado igualmente. Me gustan muchísimas cosas, así que, quizá deje que vuelen por aquí al margen del Derecho. Tengo una máxima, una del gran Vince Lombardi: "Los momentos más oscuros de nuestras vidas no deben ser ni enterrados ni olvidados; más bien son un recuerdo que debe permanecer para servir de inspiración y recordarnos la fortaleza del espíritu humano y nuestra capacidad para soportar lo intolerable."
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