Despenalizaciones imposibles o ¿Despenalizaciones imposibles?

Boxeo, puro “boxeo doctrinal”.

No sé cómo he dejado que me embarcaran en esto… Es que no lo sé…

Esto era lo único que me he repetido en estos últimos días, ya saben, el miedo escénico que diría el Porteño. Lo cierto es que en el fondo a todos nos gusta compartir opiniones y contrastarlas, discutirlas y defenderlas con vehemencia y si es con una cerveza mucho mejor. Como no teníamos cerveza a mano, Alfredo, Silvia, David y yo nos decidimos a hacerlo a través del #RetoBlog en un auténtico White Collar Blogging:

En una esquina del cuadrilátero defendiendo el SÍ a la despenalización de las vejaciones, injurias, etc. Alfredo Herranz en http://penal-tic.blogspot.com y Silvia Barrera en internet-park.blogspot.com.es .

En la otra esquina, vendándonos las manos con la corbata, sin experiencia en este tipo de combate bloguístico, David Maeztu en http://derechoynormas.blogspot.com.es/ y Nacho San Martín en www.ignaciosanmartin.wordpress.com defendiendo el No a la despenalización (no, no, tranquilos, sabemos defendernos).

boxeo

Despenalización que no legalización.

Aunque quizá sea obvio, la base del debate es la despenalización y en ningún caso la legalización de determinadas conductas (aquí es donde nuestros contrincantes deberán presentar alternativas).

La diferencia es obvia, pero no obstante hay unas grandiosas palabras de Fernando Sabater (en su versión de filósofo) que merece la pena tener en cuenta:

“Estoy a favor de la despenalización, no de la legalización. Sólo se puede legalizar, autorizar o negar aquello que está en manos de la autoridad, mientras que las drogas están en el mundo. Es lo mismo que si una montaña, porque hubiera muchos alpinistas que mueren subiendo a ella, la prohibiesen; podríamos penalizar el acceso a la montaña, lo que no se puede es legalizar la montaña o ilegalizarla, porque la montaña no está en las atribuciones del jurista.”

En este caso hablamos de faltas, faltas de amenazas, coacciones, injurias o vejaciones injustas, principalmente cometidas a través de Internet.

¿Razones para una despenalización?

Las razones básicas para defender la despenalización puedo suponer que son, entre otras con las que nos sorprendan, el principio de intervención mínima, con todos los que el mismo conlleva como el de última ratio, proporcionalidad, etc. y, seguro que también aparece, la necesidad de reducir el número de estos asuntos que anualmente ingresan en los Juzgados.

No puedo estar de acuerdo. Amenazas, vejaciones, coacciones o injurias provocan en quien las recibe un profundo desasosiego, con independencia de que los operadores jurídicos podamos calificarlas como leves, pero ¿Las calificaríamos igual si son dirigidas desde ese anonimato que te ofrece una red social a aquellos que cercanos a nosotros consideramos más débiles? La despenalización aboca al ciudadano a ¿A qué? ¿A acudir a procedimientos civiles de tutela del derecho al honor que, aunque exentos de tasas (hoy, quien sabe mañana), obligarán al perjudicado a recurrir a abogado y procurador y esperar mayores plazos de resolución? ¿A un sistema de mediación, a día de hoy con escasa implantación social? ¿A procedimientos administrativos sancionadores iniciados a instancia del perjudicado?

No creo que el principio de intervención mínima deba ser sinónimo de privar al ciudadano de la posibilidad de acudir a los Tribunales en protección de un determinado bien jurídico o de privarle de un orden concreto que, a la luz de una conciencia extendida, es más riguroso que “otras formas de impartir Justicia”.

Ni que exista ese defendido por ciertos sectores, principio de insignificancia, al menos de partida y sí considero que, en ese caso, sea el Magistrado quien pueda ponderar la acción y la “insignificancia” de ésta.

Y perdonad, pero si me vais a hablar de la descongestión de los Juzgados, de dejar paso y más tiempo para la tramitación de diligencias más importantes… No lo intentéis, intentad convencer a la Administración para que dote realmente de medios a la Justicia y se puedan atender debidamente el 1.200.000 juicios de faltas que se resolvieron en 2013 o los que entren.

Despenalización, Internet… ¿Y luego qué?

Todos los argumentos para mantener el tipo penal son, en positivo, los ya expuestos para estar en contra de la despenalización. Pero sobre todo, en este caso la pena cumple con especial trascendencia su finalidad de prevención. No podemos dejar de ser conscientes de la especial trascendencia del carácter coercitivo y preventivo, en toda su extensión del Derecho Penal, lo que “impone” estar ante un Juez de este Orden por encima de otros para quien, como habitualmente ocurre en este tipo de actuaciones, no está ya institucionalizado, es decir, para quien no está habituado a comparecer acusado de un delito o una falta.

Evidentemente puedo compartir con mis “oponentes” que estemos ante actuaciones que apenas reportan beneficio al denunciante (¿Salvo la consecución de ver reprendida la actitud que le ha llevado allí?) y que están ligadas a actuaciones en ocasiones intensivas por parte de los Juzgados, en aquellos casos en los que el infractor se vale del anonimato. Pero en ningún caso veo en ello razones superiores al fin punitivo con el que erradicar conductas que, de otro modo y por el mero efecto social, provocarían una sensación de impunidad, eliminando la confianza de aquél que las padece en el Estado para su tutela, eliminación y, en su caso, restauración.

Acudir a la Jurisdicción Penal, aunque sea para obtener una condena que únicamente le acarree una insignificante multa al ofensor o ir a una mediación (como decíamos poco implantada, pero ya existente) frente a hurtarle la posibilidad de acudir a un Juzgado Penal, previa denuncia, obligándole a una mediación impuesta, a un procedimiento civil largo y más costoso o a un procedimiento administrativo aún más largo y tedioso.

Uno de mis últimos Juicios de Faltas fue una denuncia interpuesta contra mi cliente por llamarle “flojo”. Se había sentido verdaderamente ofendido. Quizá el sistema no falle por no despenalizar la acción, quizá el sistema falle por tener que acudir a la celebración de dicho Juicio, no porque la acción, ateniéndonos al tipo pueda ser punible o no, sino porque debe ser el Juez quien valore la insignificancia de la acción de acuerdo al principio que, junto con el de proporcionalidad e intervención mínima, apoyan la despenalización.

Sin duda alguna la noticia con la que nace este #RetoBlog que Silvia comentó acerca de que casi un tercio de los delitos en internet son insultos, amenazas leves o vejaciones en foros o redes sociales es un hecho que nos debe llevar a una concienciación, en ningún caso a si dichas conductas por su levedad deben ser despenalizadas, sino a la forma en la que estamos usando y enseñando a usar las redes sociales.

La despenalización como merma de derechos.

Esa es la razón fundamental, a mi entender, junto con las otras ya expresadas, para oponerme a la despenalización. Desde el momento que privas al ciudadano de elegir la forma en la que obtener una retribución al mal que se le ha causado, estás eliminando derechos que ya poseía en aras de ¿Lo que el Legislador considera nimio? ¿De descongestionar Juzgados? (Ojo que esa también es una de las razones esgrimidas para las tasas) ¿De considerar que la intervención del derecho penal debe estar reservada a otras ofensas mayores? (Distorsión del principio de intervención mínima).

En realidad, abogar por ello es disminuir de forma “razonada” derechos de los ciudadanos a obtener retribución en forma de castigo penal, dirigiéndolos al procedimiento o la Jurisdicción que “a alguien conviene” en cada momento y que, comenzará despenalizando faltas y continuará…

Y alguien podrá atribuirse la condición de querer beneficiar al ciudadano, mejorar la Administración e imponer otras medidas, que, con seguridad, también considerará beneficiosas… y entonces será ya tarde y, en ese momento, nos acordaremos del sermón de Martin Niemöller:

“Cuando vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista.

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata.

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos no protesté, porque yo no era judío.

Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar.”

Pero en esto, como en todo lo demás, todos llevamos un seleccionador dentro.

Acerca de Nacho San Martin

Soy abogado, de los que están al otro lado de muchos de vosotros. Abogado de empresa... pero sigo siendo abogado igualmente. Me gustan muchísimas cosas, así que, quizá deje que vuelen por aquí al margen del Derecho. Tengo una máxima, una del gran Vince Lombardi: "Los momentos más oscuros de nuestras vidas no deben ser ni enterrados ni olvidados; más bien son un recuerdo que debe permanecer para servir de inspiración y recordarnos la fortaleza del espíritu humano y nuestra capacidad para soportar lo intolerable."
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